Más que Residuos

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lunes, 17 de febrero de 2014

Aristóteles reciclaría


Existen entre la ciudadanía muy variadas actitudes frente a la separación de residuos en el hogar para su posterior reciclaje. Si tomamos como muestra un grupo de personas afines y de similares características (sociales, económicas, morales...) y les preguntamos sobre sus hábitos de reciclaje, lo más seguro es que, sin embargo, cada una de ellas nos de una respuesta distinta. 


Así, habrá quien clasifique con gran meticulosidad los residuos que genera para depositar cada uno en su correspondiente contenedor de recogida selectiva, mientras otro echará todo al cubo de la basura sin pensárselo ni un segundo. Y entre ambos extremos, puede haber una gran diversidad de opciones condicionadas por multitud de variables: tipo de residuo, espacio físico, sencillez o dificultad, ideología, distancia hasta los contenedores, etc.

Recientemente, leí en un libro sobre filosofía que el autor hacía referencia a la clasificación que el célebre filósofo griego Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, hacía de las personas en función de su carácter. Dicha categorización comprendía el carácter virtuoso, el moderado, el intemperante y el vicioso.

Como ejercicio lúdico, y seguramente por deformación profesional, se me ocurrió que quizás esta clasificación podía servir también para diferenciar y etiquetar –aunque sea de forma muy general– los distintos comportamientos que cada uno de nosotros presenta respecto al reciclaje. Dicho y hecho:

  • El reciclador virtuoso sería aquel que separa de forma concienzuda sus diferentes residuos, y además lo hace con gusto. Para esta persona, el cuidado del medio ambiente tiene una gran importancia en su escala de valores y, en cierta forma, reciclar le hace “feliz”, pues está en línea con su concepto de cómo debe ser el mundo. En definitiva, su decisión y su acción son consecuentes con sus deseos, de ahí su satisfacción personal, pues nos encanta hacer aquello que deseamos hacer.
  • En segundo lugar nos encontramos con el carácter moderado, que se correspondería con aquella persona que toma la decisión correcta, pero, a diferencia del virtuoso, lo hace en contra de sus deseos. En esta categoría se incluiría, por tanto, a las personas para las que reciclar puede suponer un incordio pero aun así lo hacen. El moderado en realidad desearía tirarlo todo al mismo cubo y librarse del engorro de separar los residuos, pero sabe –o al menos así lo percibe en su fuero interno– que reciclar es una acción correcta. Por tanto, decide hacer y hace lo que debe, aunque para ello ha de luchar contra sus propios deseos.
  • En el caso del intemperante, este tomará la decisión correcta –reciclar– frente a su verdadero deseo –tirarlo todo junto–. Pero su voluntad es débil, le falta templanza, y finalmente acabará cediendo a sus deseos de no complicarse la vida clasificando sus residuos, pese a saber que su acción es incorrecta. En este caso, su decisión no se corresponde con sus deseos, pero tampoco con lo que finalmente hace.
  • Por último, tenemos al vicioso, quien, en realidad, no deberá luchar contra sus propios deseos –no separar los residuos–, pues estos serán satisfechos por su decisión y su acción. Esta persona no considera el reciclaje un valor deseable y actuará en consecuencia, tirándolo todo al cubo de basura. En este caso, por tanto, se puede decir que su decisión y su acción son consecuentes con sus deseos. Esta coherencia pudiera parecer deseable, pues, como hemos dicho en el caso del virtuoso, hacer lo que deseamos hacer nos proporciona felicidad. Sin embargo, Aristóteles aclara que la decisión del vicioso es siempre moralmente errónea, por lo que esa “satisfacción” se asentaría sobre una base equivocada.

Dicho esto –y antes de que nadie se me enfade por sentirse aludido–, hay que destacar que esta clasificación parte de una premisa básica, que puede ser acertada o no: que el reciclaje es una acción correcta y deseable. Pero esta es una percepción personal –al margen de que uno pueda pensar que los actuales sistemas de reciclaje sean muy mejorables– y seguramente para muchos será discutible. Para aquellos que, por ejemplo, consideren que reciclar es en realidad una estupidez –pero los que lo crean así de verdad, y no los que lo argumentan como excusa para no hacerlo–, esta categorización carecerá de todo sentido.

Para aquellos que tras leer esto puedan sentir que forman parte de una u otra categoría, cabe recordarles que las virtudes, según Aristóteles, no son inherentes al ser humano, sino que se adquieren con la práctica. Si las incorporamos a nuestro comportamiento diario, nos será cada vez más sencillo ejecutar acciones virtuosas, hasta llegar finalmente al punto en que nos resulte satisfactorio. Esta satisfacción será la consecuencia de que nuestras decisiones y acciones estén en línea con nuestros deseos.

A la vista de lo expuesto, propongo a los lectores hacer un sencillo ejercicio de autoevaluación. ¿En que categoría os incluiríais? En cuestiones de reciclaje, ¿sois virtuosos, moderados, intemperantes o viciosos?


Nota para aquellos amantes de la filosofía que sean de tecla fácil: El autor de este post no se considera un experto en filosofía ni un gran conocedor de la obra de Aristóteles. Su acercamiento ocasional a la literatura filosófica es únicamente por el puro placer de hacerlo, sin más pretensión que la de disfrutar de su lectura. Este post, por tanto, solo pretende ser un acercamiento entretenido y ameno entre dos campos en apariencia absolutamente distantes, como son el reciclaje y la filosofía.

5 comentarios:

  1. Pues yo soy mas el moderado...jeje...buen articulo ,un saludo.

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  2. Pues yo soy mas el moderado...jeje...buen articulo ,un saludo.

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  3. A mí me gusta reciclarlo todo, pero no soy ninguna virtuosa, te lo aseguro. Me preocupo por el planeta porque es de todos y creo que lo estamos destrozando, unos con pitos y otros con flautas, pero lo que más me preocupa es no hacerlo bien, no porque no quiera sino porque nadie sabe muy bien dónde se echan ciertos residuos, por ejemplo el papel de plata, aunque lo he preguntado nadie me ha constestado con seguridad. Y tampoco sé dónde echar envases que tengan dos cosas, por ej. plástico y cristal, las colonias, etc. Si me puedes ayudar encantada de ser cada día más virtuosa, al menos en este aspecto.

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    1. Hola, gracias por tu comentario. Comprendo tus dudas, a mí me pasa con el envase del desodorante roll-on, con cuerpo de vidrio y bolita de plástico, pero muy difícilmente desmontable. Lo mejor, consumir productos con envases más simples y fácilmente reciclables. Y aún mejor, cuando se pueda, a granel. En cuanto al papel de aluminio, no lo dudes, al contenedor amarillo (envases ligeros). Se trata de un material valioso (el aluminio) y su reciclaje evita la extracción de gran cantidad de materias primas de la naturaleza. Un saludo.

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